lunes, 29 de febrero de 2016

GOETHE Y LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES

Escrito por Luis Roca Jusmet



  Pierre Hadot es uno de los más interesantes filósofos de la segunda mitad del siglo XX. A pesar de ello no ha sido un filósofo mediático porque no ha generado una moda pseudointelectual. Pero es claro, riguroso y defiende una concepción muy interesante de la filosofía como ejercicio espiritual. No hay que escandalizarse por el nombre, ya que en su caso no tiene connotaciones religiosas. Se refiere a él como prácticas de transformación interna. La filosofía debe enseñar a mirar, a pensar y también a actuar. Debe enseñar, en definitiva, a vivir.

 Hadot considera que toda la filosofía antigua se plantea en estos términos. Es a partir del helenismo cuando surge una tendencia a entender la filosofía como discurso y como hermenéutica de textos. Tendencia que acabará en la filosofía moderna de tipo académico. Pero muchos filósofos modernos y contemporáneos han continuado con esta concepción de la filosofía como práctica más que como discurso y han mantenido esta tradición práctica, de lo que él llama ejercicio espiritual. Uno de ellos es Goethe, que convencionalmente no ha sido nunca considerado un filósofo.

Hadot es un admirador permanente de Goethe y sobre él ha escrito artículos muy interesantes. Los más significativos se recopilan en un libro que escribe el año 2008 y que ha publicado en español la editorial Siruela el año 2010, con una excelente traducción de María Cucurella Miquel. Su título es excelente : "No te olvides de vivir". El subtitulo : "Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales.". La inspiración del título no le viene a Hadot de Goethe sino de otra de sus referencias : Montaigne. Cuando un amigo le dice que en una carta que no tiene nada que explicarle porque no le ha pasado nada especial, la respuesta de Montaigne es genial : "¿ Cómo ? ¿ No has vivido ? Esta no es sólo la fundamental sino la más ilustre de las ocupaciones... " Hadot se refiere también a Kant de una manera diferente, ya que dice que combina el rigorismo estoico con la alegría epicúrea.

Hay varias cuestiones fundamentales y sugerentes que plantea Hadot en sus reflexiones sobre Goethe, siempre referidas al arte de vivir. Por una parte la importancia de centrarse en el presente, de no perderse en la nostalgia del pasado ni en la esperanza del futuro. Aquí podríamos decir con nuestro malogrado filósofo Agustín García Calvo que vivir para el futuro es administrar la muerte y no la vida. Para Hadot hay que aprender a vivir antes que a morir, como decía Spinoza, otro de los puntales de esta tradición filosófica que surge de una síntesis entre estoicismo y epicureismo. Hay que realizar una transformación ética y estética de lo cotidiano, vivir con alegría, gozar de estar vivo .En Goethe se mantiene esta concepción afirmativa anterior a la concepción del hombre como falta, como ser angustiado por su finitud. Lo cual no quiere decir que estos sentimientos fueran ajenos a los clásicos pero sí que no eran los centrales. Fueron el cristianismo y el romanticismo las que lo hicieron dominante. Schopenhauer, añadiría yo, es el colofón, de esta concepción del hombre como estructuralmente insatisfecho. Planteamiento que continuará, por cierto, el psicoanálisis, especialmente el lacaniano.

Resulta muy interesante también su apología de la goethiana mirada desde lo alto. Nietzsche hablaría más tarde de la perspectiva de pájaro frente a la perspectiva de rana. También hay una cierta anticipación del amor fati de Nietzsche, como aceptación alegre del propio destino, es decir de la propia vida. ¿ porqué ? Porque es la única que tenemos. Goethe, no lo olvidemos, era uno de los pocos alemanes por los que Nietzsche sentía respeto.

Hay también una reflexión muy interesante sobre la relación entre el Daimon ( carácter) y la Tyche ( fortuna). La vida entendida como la interacción de las determinaciones internas y externas. Volvemos a Spinoza : la libertad como transformación de la necesidad.

En definitiva : sí a la vida, sí al mundo, sí al devenir. Y nadie como Goethe y Hadot para acompañarnos alegremente en este trayecto.

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