viernes, 18 de septiembre de 2015

LO VISIBLE Y LO INVISIBLE










Escrito por Luis Roca Jusmet



"Lo visible y lo invisible" es el título que le puso Claude Lefort al manuscrito encontrado en los papeles de Maurice Merleau-Ponty, escritos desde hacía dos años y que querían acabar en un libro posterior. El manuscrito contiene ciento cincuenta páginas muy trabajadas, con correcciones y tachaduras. Viene a ser la culminación de uno de los temas que más trabajó el maestro, el de la percepción. El primer título es precisamente el de Fenomenología de la percepción, continuado por El ojo y el espíritu. Este último magnífico texto lo escribió el año 1960, un año antes de su prematura muerte, a los 53 años.

Una de las ideas clave es la de la fe perceptiva. Es la convicción instintiva que tenemos los humanos que somos una realidad física que formamos parte de otra más amplia: Naturaleza, Cosmos, Universo. Es la certeza de esta doble realidad. Lo visible ( lo tangible, lo que captamos a través de la configuración sensible) es lo que experimentamos como real, lo fenoménico.

Los únicos que cuestionaron esta fe perceptiva fueron Descartes y Berkeley. Pero este cuestionamiento conduce inexorablemente al solipsismo. Si dudamos de la fe perceptiva partimos de la fe en nuestra mente. En el caso de Berkeley está claro cuando considera que la experiencia es una realidad mental. Las sensaciones son sensaciones de mi mente y al final solo existe mi mente y Dios. En el caso de Descartes solo es capaz de salir del solipsismo afirmando la existencia de Dios, como garantía de la validez de nuestra razón y de nuestra experiencia. Porque existe Dios consideramos el mundo como real.

El sujeto de la percepción es el cuerpo. Esta idea está muy potenciada por el neurocientífico budista Francisco J. Varela, que considera a Merlau-Ponty como una excepción de la tradición filosófica occidental, como el único que lo planteó en estos términos. El cuerpo se percibe a sí mismo y percibe a los otros cuerpos. La percepción es una experiencia corporal que implica la presencia tanto del que percibe como de lo percibido. El cuerpo experimenta en el presente y justamente esta es la manera de entenderlo. Porque si consideramos el presente como un instante, como un punto en la línea geométrica del tiempo entonces el presenta no existe, ya es futuro. El presente es la manera como el cuerpo se experimenta a sí mismo en una realidad que es proceso. El cuerpo es una estructura dinámica que se configura en relación con su entorno.

El sujeto se constituye, de todas maneras, no desde el cuerpo que siente sino desde la relación de una función del cerebro que es la conciencia con la lengua. Digo la lengua porque es un producto humano que adquiere autonomía propia. La lengua es interiorizada y se transforma en una mediación entre nosotros y el mundo. El hombre pasa a se un animal simbólico en la medida que es a través de la lengua que da una significación a las cosas. El sujeto de la percepción es un cuerpo consciente que habla. La conciencia nos permite separarnos, mantener una distancia entre nuestro cuerpo y el no-cuerpo. Y la lengua es la forma como recuperamos el lazo de este cuerpo aislado.

Lacan, que era amigo de Merlau Ponty, le critica esta visión del sujeto centrada más en lo imaginario que en lo simbólico. El sujeto, dice, es el significante, más que la conciencia o el cuerpo. Pero habría que cuestionar la manera como entiende Lacan el cuerpo. Para Lacan el cuerpo se mueve en el registro imaginario, igual que la percepción y la conciencia. El sujeto de Lacan es simbólico, es el del significante, incluso el del inconsciente, que para él está estructurado como un lenguaje. Pero el cuerpo no es solo la imagen de un organismo, ni siquiera el cuerpo del que hablamos o el cuerpo con el que gozamos. El mismo Cualifico recupera la idea de sujeto de la experiencia a partir del cuerpo, por mucho que sea un cuerpo hablante. Es lo que Merleau-Ponty llama el cuerpo fenoménico. El cuerpo es sujeto y también objeto en la medida en que lo percibimos, y no solamente como imagen. El cuerpo fenoménico es ser en el mundo a través del cuerpo propio o vivido. En la última parte del manuscrito le llama carne.

Sigamos con el manuscrito de Merleau-Ponty " No es que haya un mundo invisible, paralelo u oculto a lo visible. El único mundo es el percibido, que es visible e invisible. ¿ Cual es la parte invisible del mundo visible ? Quizás deberíamos volver a Platón. Para Platón se trata de las formas que estructuran lo visible y le hacen ser lo que son. Se captan por la intuición y se basa en la existencia de propiedades comunes. También hablaba Spinoza de estas propiedades comunes que captamos a partir del segundo grado del conocimiento, que es el racional. Aunque para volver finalmente a las esencias singulares. Es decir que la percepción sensible nos permite entrar en contacto con lo real para ser capaces de captar estas formas comunes a partir de las cuales volvemos a lo singular.

Hay un aspecto particular de lo visible que es el de la mirada. Aquí es donde Lacan entra en polémica con Merleau-Ponty en el seminario XI, "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis". Pero este tema no lo desarrollaré aquí. Donde sí se equivoca Lacan es cuando en el artículo que escribe el mismo año 1961 en homenaje a Merlau-Ponty poco después de su muerte le critica que “su ojo es el Ojo abstracto que presupone el concepto cartesiano de extensión y el espíritu-mente como Percepción Universal, es decir Divina. Ciertamente la Mente cartesiana viene a ser el Ojo divino que contempla el mundo físico desde afuera. Pero me parece que lo que quiere hacer Merleau-Ponty, y lo consigue es describir fenomenológicamente la percepción. El trabajo fenomenológico, dice Merleau-Ponty es la voluntad de describir la esencia a partir de la existencia, es decir de la experiencia. La percepción no es solamente lo visible. Es también la mirada metafísica detrás de la mirada sensorial. Lo ontológico es físico y metafísico. Hay que mirar más allá pero sin separarnos de lo sensible. Es lo que llama Merleau-Ponty el ojo del espíritu. Hay que mirar lo que emerge de la materia sin ser material. En “El ojo y el espíritu” trata el tema desde el punto de vista estético, en concreto de la pintura. El pintor ( habla específicamente de Paul Cezanne) hace visible lo invisible, transmite algo que está más allá de lo sensorial. En cierto sentido la mirada de Paul Cezanne es una mirada metafísica. El arte es entonces la capacidad de expresar lo que emerge del fondo primordial de la materia.

Concluyamos. Lo visible y lo invisible son los dos niveles a partir de los cuales podemos percibir en mundo físico. Quién percibe este mundo físico es el ser humano, cuerpo consciente y hablante capaz de ver algo que emerge de la materia a lo que podemos llamar lo espiritual. Son las formas que nos permiten entender, sea a través del pensar o del arte, Son formas de la materia, de lo vivo y de lo espiritual, que cada vez se van singularizando más. Lo invisible es la significación de lo visible, el sentido que aparece. Desde nuestro cuerpo, materia viva finita capaz de percibir no solo lo visible sino también lo invisible, nos orientamos hacia lo invisible de la materia que no es nunca Otro mundo. La percepción sensorial, corporal es el único punto de partida posible, pero hay que ir lo más lejos posible. Lo hace el filósofo y también el artista.

domingo, 2 de agosto de 2015

LO IMAGINARIO Y LO SIMBÓLICO



  Escrito por Luis Roca Jusmet


 La tradición psicoanalítica proporciona un material fundamental y único para trabajar el tema del imaginario. Pero Cornelius Castoriadis señala el papel  paradójico de Freud respecto al tema. Éste no habla nunca del imaginario ni parece conceder ningún lugar a la imaginación en el aparato psíquico. Pero el concepto está presente de una forma implícita en toda su obra, sobre todo a partir del papel clave que atribuye a la fantasía. Freud se convierte así para Castoriadis en el descubridor vergonzante del imaginario : por una parte nos proporciona el material más valioso para entender esta realidad psíquica, aunque no lo nombra y lo presenta de una forma completamente dispersa. Castoriadis dice irónicamente que Freud reprime la palabra imaginario porque está dominado por el paradigma positivista, heredero de la metafísica realista tradicional aristotélica, que tiene como base la idea de identidad.

 



  Es Jacques Lacan quien trata por primera vez emn la tradición psicoanalítca el tema y lo hará explícita y elaborada. El psiquiatra y psicoanalista francés plantea, a partir de la conferencia que dio en París el año 1953, su teoría de los tres registros: lo simbólico, el imaginario y lo real Para decirlo rápido, lo que hace Lacan es considerar que el psiquismo humano se mueve en tres niveles diferentes, uno de los cuales corresponde a lo simbólico ( El lenguaje y la ley , lo que podemos decir y lo que tenemos prescrito hacer ), otro al imaginario ( lo que podemos representarnos a través de la imagen ) y otro a lo real, que viene a ser el residuo del proceso de simbolización ( que no es otro del de la socialización). El Lacan clásico (que es el de los Escritos y de los diez primeros seminarios) planteará diversos sentidos de la noción de imaginario, que por otra parte no se puede separar ni de sus concepciones de lo simbólico, ni de lo real ni de la fantasía. Lacan considera que el imaginario cumple una función clave en la formación de la noción de yo, teniendo en cuenta que este término (moi en francés) es diferente del de sujeto ( je en francés), ya que el primero se corresponde con el campo del imaginario y el segundo con el campo de lo simbólico. El imaginario tiene que ver con el yo en su doble aspecto de imagen corporal (a partir de la superficie reflejada en el espejo ) y del precipitado de identificaciones que se forman a partir de los rasgos de aquellas figuras que tienen una influencia sobre nosotros en la infancia. Lacan definirá precisamente el cuerpo como un organismo con una imagen, lo cual implica que sólo el ser vivo que se capta a sí mismo y puede desarrollar una imagen de sí es el que podemos decir que tiene un cuerpo. Y aquí digo tiene y no es porque si hablamos para Lacan lo hacemos como el sujeto del habla, de la enunciación y éste no es otro que un sujeto vacío. En este punto Lacan ya plantea una polémica evidente con Sartre al no aceptar su antagonismo entre el imaginario y la percepción. La unidad perceptiva de uno mismo se consigue a través de la imagen especular, que Lacan considera uno de los núcleos básicos del imaginario. Pero esta vinculación no sirve para entender el imaginario como algo capaz de abrirnos al conocimiento de nosotros mismos. Lo considera como un señuelo: es el engaño de la autoimagen que nos oculta nuestra propia división, nuestra escisión interna fundamental. El segundo sentido que da Lacan al imaginario tiene que ver con nuestra relación con el semejante, con el modo como el otro aparece como un rival con el que mantenemos una lucha por el prestigio. Se trata de dos sujetos que quieren ser reconocidos e imponer su deseo al otro. Lacan recicla toda la enseñanza de Alexander Kojève, que tanto influyó en su generación partir de su lectura de la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel. Esta relación dual es para Lacan un círculo vicioso que lleva a la destrucción. Necesita la intervención de una mediación que no es otra que la del lenguaje y que nos permite superar el imaginario y elevarnos a lo simbólico. Nuevamente volvemos a contraponer a Lacan con Sartre, ya que el horizonte de libertad del que hablaba éste último sólo es posible para Lacan desde el lenguaje (lo simbólico) que es el que nos permite una distancia que impide que nos dejemos atrapar por la identificación con una imagen idealizada de nosotros mismos (el imaginario). 

domingo, 14 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS. UN ENCUENTRO FALLIDO

 


Escrito por Luis Roca Jusmet

 Freud no quiere saber nada con la filosofía. Participa coyunturalmente en los cursos de Franz Brentano y elogia a Fechner, que es un físico experimental pasado a la filosofía. Pero no quiere saber nada de la especulación filosófica. Le parece menos interesante que la religión o el mito. Todas son falsas, pero por lo menos la religión es la proyección de un deseo y el mito de una fantasía. Su proyecto es, inicialmente positivista. La ciencia como superadora del mito, de la religión, de la metafísica. Pero se encuentra con la imposibilidad de una psicología para neurólogos. No puede leer los fenómenos psíquicos en las conexiones neuronales. Aunque le psiquismo es producto del cuerpo en general y del cerebro más en particular no puede evitar teorizar un cierto dualismo. Existe una realidad psíquica autónoma, con una estructura y una lógica propias. Su metapsicología le hace superar los límites establecidos por el positivismo porque el objeto del psiocanálisis no es una realidad observable. Pero Freud mantiene la actitud positivista de ceñirse a los hechos, de contrastar, de no especular.
 Con Lacan se da el auténtico encuentro entre psicoanálisis y filosofía. Es un encuentro a través de lecturas ( heidegger), seminarios ( Koyré, Kojève), discusiones ( Merlau-Ponty). Lacan tiene una cierta pasión filosófica, aunque desprecie como Freud la filosofía académica. El encuentro es, desde luego fallido. No hay entre ambos una relación armónica, ni complementaria. es una realidad problemática. llena de malentendidos, tensiones y conflictos. Como entre un hombre y una mujer, no hay relación sexual. Pero este es el camino. En sentido inverso es el camino de Michel Foucault, que va de la filosofía al psicoanálisis.
Slavoj Žižek se equivoca porque a pesar de los pesares ( su carácter provocador, heterodoxo) lo que defiende es una escolástica. La escolástica de una filosofía lacaniana. Lo que hace Žižek es interiorizar los axiomas lacanianos para trabajarlos. Hay muchas cosas aprovechables de este filósofo esloveno en cuanto a este encuentro entre filosofía y psicoanálisis pero su planteamiento es dogmático y como tal no me parece genuinamente filosófico.

lunes, 8 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS EN LA ÉPOCA DE LA TECNOCIENCIA

 


Escrito por Luis Roca Jusmet

 Voy a arriesgar una hipótesis sobre el tema. Consideremos que vivimos en la época de la tecnociencia. Esto quiere decir, para mí, en la Modernidad. La Modernidad es una época que aparece històricamente en Europa y que ha ido globalizando hasta el presente, principios del siglo XXI. Es la época de la Economía-Mundo capitalista y del Estado Moderno. Economía de Mercado centrada en la empresa y determinada por la lógica del aumento indefinido del beneficio. Que según los economistas clásicos se regularía a sí misma pero que su propia dinámica, que ha conducido al neoliberalismo, ha demostrado que no. Estado moderno que funciona al nivel del territorio delimitado por la nación. Con sus instituciones políticas y policiales que deben legislar para defender los derechos privados, fundamentalmente el de la propiedad.
 Culturalmente hemos caminado hacia una cultura-mundo en un mundo en el que, como ya apuntó Marx, todo lo sólido se desvanece.Todo lo que no cuestiona la mercantilización total y la lógica del beneficio es asumible por el sistema, incluso el declive y fin del patriarcado. Las relaciones de poder se van transformando sus dispositivos combinan los aspectos disciplinarios con del control, la acción sobre los cuerpos con la acción sobre las poblaciones, el gobierno directo con el indirecto sobre las conductas.
 Son cuatro apuntes  para entender el contexto en el que desarrollan los campos del saber. El saber que domina es el de la ciencia, entendida en los términos establecidos por Galileo y Newton. Descartes ocupa un lugar importante porque establece la diferencia entre la física, como modelo de la ciencia matemática, y la metafísica, que se ocupa de Dios y del alma. Poco a poco se van estableciendo otra ciencias ( química, biología) y la medicina como la tecnología básica sobre el cuerpo humano. Los objetos de la metafísica ( Dios y el alma) se van desvaneciendo. Comte teoriza el positivismo y plantea integrar el estudio de la sociedad en el proyecto científico, fundando la sociología.
 La filosofía se transforma en un saber problemático. Pero no en la medida en que problematiza la ideología, sino en la medida en que se problematiza a sí misma. Coexisten entonces una filosofía escolástica, académica que se resiste al dominio total del discurso científico y una filosofía crítica que quiere pensarse a sí misma en relación con la ciencia. Y, por supuesto, existe la tradición filosófica constituida por la filosofía antigua y por la filosofía moderna, que ha tenido un papel importante en la propia constitución de la Modernidad.
 En este contexto aparece el psicoanálisis, fundado por Freud. Y lo hace en un momento en que la psicología como ciencia se piensa en términos de neurofisiología. Nada que ver con el proceso de constitución de las ciencias sociales. Freud se dará cuenta que la psicología necesita un estatuto propio porque tiene un objeto propio que es el de la realidad psíquica. No es observable ni cuantificable ni experimentable. Sentará por tanto las bases de un saber que no sentará científico pero tampoco filosófico. Su método se irá estableciendo a partir de una teoría metapsicológica ( nada que ver con la metafísica) que se contrastará en la clínica, es decir, en la propia práctica de la terapia psicoanalítica.

sábado, 6 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS ( 5) : TERRY EAGLETON

Luis Roca Jusmet





 Terry Eagleton  plantea en un libro ( Traducido como Los extrangeros. Por una ética de la solidaridad )desde la óptica de los tres registros lacanianos las principales problemáticas actuales de la ética y de su relación con la política. Como ya sabemos lo real para Lacan es lo que está más allá de lo imaginario y lo simbólico, es decir de lo que podemos representa o formular. Concluye además de forma bastante provocativa que la mejor opción surge de un encuentro entre la tradición socialista y la judeocristiana. La crítica más radical es a lo que Eagleon llama el postmodernismo despolitizado y a la repulsión de lo normativo en la moral ( o ética, que en el libro es sinónimo). Igualmente al rechazo a la lo bueno y a lo justo entendidos en una dimensión universal. 

 Terry Eagleon considera que la ética imaginaria es la que se basa en la sensibilidad ( como sobre todo la filosofía anglosajona del siglo XVII y XIX ; la ética simbólica basada en las normas universales ( Kant sería el paradigma) y la ética real de tipo trágico y absoluto ( como la de Levinas, Derrida, Badiou). Como para el mismo Lacan lo real es lo más importante y a lo que Eagleton dedica más tiempo ( quizás en algún momentos excesiva). Aquí hay una crítica muy interesante al elitismo que se desprende tanto de Kierkegaard como de Schopenhauer y de Nietzsche. Elitismo que atraviesa todas estas éticas que llama de lo real y que alcanzan a posturas izquierdistas como las de Alain Badiou. Es una lástima que no recoge aquí Eagleton las aportaciones de Jacques Rancière ( del que podría hablar porque forma parte de los pensadores franceses ex-althusserianos) en lo que éste llama "el nuevo odio a la democracia".Hay momentos especialmente brillantes como la comparación de los tres registros con los tres estadios de Kierkegaard ( el estético, el ético y el religioso) y constantes referencias a los clásicos de la literatura inglesa, especialmente a Shakespeare. La excelente mezcla de pensamiento propio, rigor y claridad hace que la lectura de Terry Eagleton sea, aunque no siempre fácil, un auténtico placer intelectual. El libro tiene elementos muy sugerentes, además, para una sociología de la filosofía.
 Los temas tratados están perfectamente centrados y tratados de forma crítica. El papel de los sentimientos y de la razón en la teoría ética ; la necesidad del aspecto normativo en un sistema moral ; el papel imprescindible de las instituciones en una política de raíces éticas ; el equilibrio entre lo singular y lo universal... Con matices pero cogiendo el toro por los cuernos Eagleton se posiciona sin ambigüedades pero sin dogmatismos dando un valioso material para el pensar propio del lector.
 Resulta impresionante la manera como Eagleton reivindica la tradición judeocristiana en tiempos tan difíciles para hacerlo y sobre la base de su núcleo duro, no de diluirlo en un humanismo blando donde todos los gatos son pardos. En este sentido podemos alinearlo con Alain Badiou en su reivindicación de San Pablo o con Žižek cuando nos explica que lo que podemos recuperar del legado cristian es su aspecto traumático. La reivindicación del amor es en este sentido fundamental, sobre todo en la contraposición al deseo. Aquí sí que critica certeramente toda la mitología levantado por los postestructuralistas franceses, empezando por Lacan. Lo que importa es el amor es que sólo desde él es de donde se puede generar una ética altruista y solidaria. Aquí Eagleton ataca otro prejuicio establecido por Lacan y sus seguidores en la idea, heredada de los moralistas franceses del siglo XVIII, de que el altruismo es una forma de egoísmo ( paralelamente a la concepción del amor como una forma de narcisismo). No es cierto, dice Eagleton con firmeza, ni una cosa ni la otra. El amor es desprendimiento, es salir de uno mismo para acoger al otro y el que encuentra satisfacción en lo que hace desde el amor recibe este sentimiento de manera secundaria, no como motivación. El altruismo es renunciar a lo que nos proporciona un placer para apoyar, para ayudar al otro, cuestión muy diferente del egoísta que sólo actúa en función de lo que le proporciona una satisfacción. Y resulta también muy válida la manera como Terry Eagleton elimina el falso dilema ( presente en Kant) entre egoísmo y altruismo. Amarás al prójimo como a tí mismo, decía Jesús, lo cual implica que el amor a uno mismo es tan importante como el amor a los otros. Hay aquí una concepción del cristianismo totalmente contrapuesta a la que presenta Nietzsche, ya que hay amor a la vida y negación del sufrimiento. Es en la concepción trágica y no en la cristiana donde hay una cierta apología del dolor. El dolor y el sacrificio para el cristianismo, dice Eagleton, no tienen ningún valor en sí mismos pero debemos aceptarlos cuando son inevitables. Es interesante también el planteamiento de la responsabilidad, que no puede ser ni infinita ni absoluta. La responsabilidad con los otros, dice Eagleton, es finita y limitada, no es con todo el mundo ( lo cual nos llevaría al absurdo de lo imposible) sino con la personas o personas concretas que en cada momento ocupan el lugar del prójimo. 

jueves, 4 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÄLISIS ( 4) : MICHEL FOUCAULT





  Escrito por Luis Roca Jusmet

 La relación de Michel Foucault con el psicoanálisis es, ciertamente, compleja. Esta complejidad pasa por la ambigüedad, a la que da lugar no su falta de claridad y precisión, sino su ambivalencia. Foucault experimenta hacia el psicoanálisis tendencias que podemos considerar opuestas. Pero no por ello hay que considerar que no hay una cierta incoherencia.
 Foucault se interesó en su juventud por la psicología. Su maestro Georges Canguilhem. médico y filósofo de la ciencia, era reacio a la consideración de la psicología como una ciencia, En esta época Foucault trabaja el tema de la locura, que empieza con su Enfermedad mental y psicología y concluye con su Historia de la locura en la época clásica.
 Foucault tendrá también la influencia de Althusser y respirará la moda del estructuralismo, al que también le conducirá otro de sus maestros, Georges  Duméziel.. En su libro Las palabras y las cosas se  inscribirá en la cruzada antihumanista de Althusser y Lacan. La lingüística ( Saussure), la etnología

 ( Levi-Strauss) y el psicoanálisis ( lacan) serán instrumentos útiles en esta "Muerte del hombre" que nauncia Foucualt. También Foucaul será receptivo al valor crítico de los llamados "maestros de la sospecha" ( Marx, Nietzsche y Freud)
  A principios de los 70 se publicará El Anti-Edipo , una crítica radical al psicoanálisis lacaniano de su amigo Gilles Deleuze y Félix Guattari, psiconanalista lacaniano convertido en su contrario. Foucaul hará el prólogo del libro, que titulará "Introducción a una forma de vida no fascista" pero evitará entrara directamente en ataques a Lacan. Foucault y Lacan se profesaban, desde la distancia, un respeto. Elisabeth Roudinesco, que escribió una interesante biografía sobre Lacan, comenta que éste saludó favorablemente la aparición de La historia de la locura de Foucault y que éste escrito le inspiró su texto Kant con Sade. También cita la presencia de Lacan en la conferencia de Foucault "¿ Qué es un autor?" sobre el discurso. Lacan escribiría después su teoría de los cuatro discursos. Foucault, por su parte, es posible que asistiera a alguno de los seminarios de Lacan. Pero seguramente Foucault fue influenciado por los escritos de Lacan, en el tema del sujeto y en el de la verdad. De hecho, en su último seminario Foucault dirá que los únicos contemporáneos que han tratado el tema del sujeto y la verdad, son Heidegger y Lacan. Aunque Foucault dirá que se sentirá más próximo al camino de Heidegger que al de Lacan, Heidegger será una inlfuencia compartida por ambos. 

martes, 2 de junio de 2015

FILOSOFIA Y PSICOANÁLISIS ( 2) : JACQUES LACAN, PAUL RICOUER

 
 Escrito por Luis Roca Jusmet

Si seguimos avanzando en el movimiento psicoanalítico posterior a Freud, constatamos que de forma inmediata no hay un interés claro del movimiento psicoanalista por la filosofía. Sí se habían interesado, aunque relativamente, algunos discípulos suyos como Otto Rank o los disidentes Adler o Jung, pero no lo harán, en cambio, los representantes de la tercera generación de psicoanalistas, ni siquiera los más brillantes ( Winnickok, Melaine Klein). Hemos de llegar a Jacques Lacan para toparnos con el encuentro fecundo entre filosofía y psicoanálisis. Lacan tiene una formación psiquiátrica, pero sus inquietudes adolescentes le habían llevado a lecturas apasionadas de filósofos ( como la de Spinoza o la de Nietzsche). Posteriormente participará en las reuniones parisinas, donde las mentes de jóvenes brillantes de la época, asistían a los seminarios de dos exiliados rusos, Kojève y Koyré. El primero les dará una concepción racionalista y crítica de la ciencia, que lo vacunará contra cualquier positivismo de forma o de fondo. El segundo le producirá una influencia, a partir de su lectura de Hegel, que nunca abandonará, que conservará superándola. Por otra parte, Lacan realizará una lectura apasionada y minuciosa de Heidegger, que le marcará sin lugar a dudas. En este sentido podemos hablar de condicionantes filosóficos en Lacan, no en el sentido de estar influido por la filosofía, sino por pensadores muy precisos que podemos considerar filósofos.  Lacan  conversará  con diferentes filósofos, la mayoría  muertos, en un diálogo crítico pero fecundo. Estos filósofos son Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Kierkegaard, Wittgenstein … Pero también lo hará en diálogos vivos, con contemporáneos próximos como Jean Hipollyte, Marcel Merlau-Ponty , Georges Bataille. Lacan es tan irónico y despectivo con la filosofía convencional ( zarandajas académicas dirá en algún momento)  como el propio Freud. La diferencia es que, mientras Freud mantiene una reserva ( incluso hacia los autores que le pueden despertar más interés, como Nietztsche – al que ni siquiera leerá- y Shopenhauer) Lacan sí entra directamente en el estudio, el diálogo y en la polémica con los filósofos de su época. 
 Si Lacan se define en algún momento como antifilósofo, esta afirmación, nos dice Alain Badiou, podemos entenderla en el mismo sentido que lo decían a veces Nietzsche o Wittgenstein, es decir, como una crítica a la filosofía establecida.  Lacan hace aportaciones originales que tienen un evidente interés filosófico. En primer lugar desde el punto de vista epistemológico, como su análisis de la verdad. También la idea del Gran Otro y la los tres registros tienen repercusiones en múltiples sentidos. Finalmente, por supuesto, su ética del deseo. Hay que considerar también que "El reverso del psicoanálisis" es, en algún sentido, un intento de hacer una ontología del presente, sobre todo a partir de sus toe´ria de los cuatro discursos.
Lacan va a tener una clara influencia sobre filósofos que serán a la vez psicoanalistas, como Octave Mannoni o Cornelius Castoriadis. 
 Tenemos por otra parte a Paul Ricoeur, católico y filósofo personalista y hermenéutico.  Ricoeur desarrollará una reflexión filosófica sobre el concepto de cultura en Freud que se convertirá en un clásico. Ricoeur tuvo, por otra parte, una relación personal e intelectual intensa con Lacan. Éste se lamentaba de que no reconociera la influencia que él mismo tuvo en el contenido del libro.  

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